
ESPACIOS INDISCIPLINADOS
“Espacios indisciplinados” da comienzo al recorrido público de Ars.Interactiva, reuniendo a artistas que exploran el arte como territorio antidisciplinar, donde sonido, imagen, cuerpo y tecnología se entrelazan. La exposición propone un viaje de lo físico a lo digital a través de obras que se activan con la presencia del público: desde las partituras vivas de Cuarto de Tono o las esculturas sonoras de Brisa Fumero y Emilio Parrilla, hasta las piezas lumínicas de Reyes Oteo y Caleiduino, la escucha íntima de Alberto Granados o la cartografía visual generativa de Rosa Blanca Anguita (DORMIDA). Más que una muestra, es un ecosistema en movimiento donde la obra ocurre cuando algo sucede: cuando quien mira, escucha o toca se convierte también en parte del arte.
“Espacios indisciplinados” da comienzo al recorrido público de Ars.Interactiva, una asociación malagueña dedicada al arte interactivo y generativo. La exposición reúne a artistas que trabajan en el cruce entre sonido, imagen, cuerpo y tecnología, y que conciben la creación no como un producto acabado, sino como un proceso compartido.
El término indisciplina alude aquí a una actitud más que a una categoría: a la voluntad de pensar y hacer desde la permeabilidad, de actuar entre las cosas, en ese territorio donde las fronteras entre arte sonoro, visual o performativo se vuelven porosas. En este sentido, dialoga con la idea de antidisciplina formulada por Alberto Bernal, que propone desactivar la noción misma de disciplina como conjunto de reglas o técnicas cerradas. Frente a la especialización y la segmentación, la antidisciplina reivindica la práctica artística como un acto de relación, escucha y presencia.
La exposición se organiza como un recorrido de lo físico a lo digital, a través de tres salas interconectadas que muestran distintas formas de interacción y experiencia. En la primera, Inter/acción, la materia se se transforma en medio de diálogo: las Cajas sonoras de Emilio Parrilla laten como pequeños organismos musicales; las esculturas cerámicas de Brisa Fumero en Murmur filtran el sonido ambiente; y los proyectos de Cuarto de Tono (con partituras de Hara Alonso y Alberto Bernal) materializan la idea de la partitura como archivo vivo y participativo.
En Paz, del propio colectivo, la composición sonora se abre al público, que puede intervenir sobre ella desde un controlador táctil, convirtiendo la escucha en un acto compartido.
La segunda sala, Físico vs Digital, despliega la luz como lenguaje. La escultura Caleiduino, creada ad hoc para la exposición, responde con destellos y texturas sonoras a la proximidad del visitante; Reyes Oteo transforma su partitura Yo soy el Monstruo Rana en paneles retroiluminados que funden gesto, sonido e imagen; mientras que Alberto Granados invita en Ear Wash a una experiencia de escucha íntima, casi táctil, que convierte el cuidado auditivo en acto poético. ç
La tercera sala, Inmersión digital, culmina con Cartografía de la destrucción, de Rosa Blanca Anguita (DORMIDA): una instalación generativa que reinterpreta la mirada digital como gesto de memoria y pérdida, donde la imagen y el sonido se transforman según el movimiento del espectador.
Más que un conjunto de piezas, Espacios indisciplinados propone un ecosistema en movimiento. Cada obra funciona como un nodo dentro de una red viva donde artistas y público comparten un mismo tiempo y espacio. Lo importante no es tanto la obra como objeto, sino el acontecimiento que se genera cuando algo ocurre: cuando el sonido, la luz o la mirada activan una presencia común.
Desde esta perspectiva, Ars.Interactiva entiende la creación como un modo de conocimiento colectivo. Sus proyectos —entre la investigación tecnológica, la educación y la experimentación estética— buscan generar encuentros transformadores, donde el arte deje de ser una contemplación distante para convertirse en experiencia y en diálogo.
En definitiva, Espacios indisciplinados es una invitación a cruzar umbrales: entre disciplinas, entre cuerpos, entre mundos físicos y digitales. Un espacio donde la indisciplina se convierte en lenguaje común compartido, y donde la participación y la curiosidad son las formas más honestas de estar en el arte.
